Miércoles, 25 de noviembre de 2009
Dormía con los ojos abiertos y el alma en vilo.
Miraba fijamente los minutos que la traspasaban.
Los sabios sellados por un suspiro eterno y el cuerpo pesado
flotaban con el aire en los huesos, con el viento en las venas.
Ningún centímetro de su piel rozaba alguna esquina del universo.
Ninguno de sus cabellos discutía con las nubes.
Y moría el sol en sus pupilas cadáver
a la hora en que muere el sol en las aldeas.
Por: Ana de Santos del Cerro | Poesía eres tú | Comentarios (1) | Referencias (0)
Martes, 27 de octubre de 2009
Qué original me vi
luciendo tales colores
que polvorientas flores
quisieran para sí.
Sin más bondad que vestir
de oro y rosas las pasiones
atravesé estaciones
condenadas a morir.
Y al fin, qué quedó,
qué mundo de alabanzas,
qué teatro en que la danza
reescribía su guión.
Qué primaveral corazón
sostendrá aquella máscara
en discreta venganza
cuando caiga mi telóon.
Por: Ana de Santos del Cerro | Poesía eres tú | Comentarios (1) | Referencias (0)
Miércoles, 22 de abril de 2009
A William Shakespeare
Como un escalofrío desde un tiempo que se me antoja tan remoto, desde un lugar inimaginable, desde unas manos que mi pensamiento engrandece hasta hacerlas inmesas, hasta conseguir que rocen el borde del cielo, llegan las palabras y se cuelan. Y se quedan allí sospecho que para siempre, para renacer cada día en cualquier rincón de mi cuerpo menos carnal, de mi alma más tangible, de mi espíritu más mortal, del más común de mis sentidos.
Y duermen allí cuando yo vigilo y me asaltan si estoy dormida. Y me arañan por dentro. Y me acarician por fuera en la más dulce y apasionada caricia que mi piel recuerda. Con la carne de gallina las evoco si un segundo imagino perderlas.
Son ya parte del día y de las horas y de la cama y de la acera. Asoman en mi lengua y en mis besos y se aferran al vaivén de las caderas. Son de miel y de leche, de sabor a azucenas, de la gracia de las margaritas, de manzana y de pena. Son la tormenta más intempestiva en la hora más incorrecta.
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Sábado, 28 de marzo de 2009
Si he tardado tanto en escribir esta entrada, obligadísima entrada, es porque me faltan las palabras, se me escapan las emociones por los poros, pero me faltan las palabras.

Con motivo de La Noche de los Teatros que se celebró ayer en Madrid tuve la ocasión, o más bien la perseguí, de asistir a un encuentro con la compañía que está representando la versión de "Hamlet" de Tomaz Pandur en las Naves del Matadero del Teatro Español.
Poco tengo que añadir a lo que ya escribí sobre este director cuando asistí a "Barroco" o a "Infierno". Le amo, profundamente además, amo su teatro y su arte tanto como pueda amar. Cada nueva obra suya es una nueva ilusión mía y las ilusiones son dulces por su propia naturaleza.
Su Hamlet es una obra maestra. Cada momento de la obra encierra cualquier tipo imaginable de expresión artística, cada segundo es un pedazo de un sueño. Magistral. Brillante.
No sé ni quiero escribir una crítica, no puedo. Simplemente ha cautivado cada uno de mis sentidos.
Impresionantes son también las interpretaciones que reinventan los personajes escritos por Shakespeare de Blanca Portillo, Asier Etxeandia, Manuel Morón, Nur Al Levi, Susi Sánchez, Hugo Silva, Quim Guitiérrez, Félix Gömez, Manuel Moya, Aitor Luna, Eduardo Mayo, Damiá Plensa y Santi Marín.
Hamlet renace en cada escena surgiendo del agua y sacudiendo el polvo a los rincones del alma, como diría Sabina.
Y realmente sobran las palabras.
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Jueves, 19 de marzo de 2009
Mi más sincero aplauso para la Orquesta Ensemblanza de los profesores del Conservatorio Profesional de Música Teresa Berganza, los míos, vamos, que ayer llenaron el Auditorio Nacional de música, que es lo suyo.
Con maestros como estos cabe esperar algo bueno. Algo espléndido.
Por: Ana de Santos del Cerro | Música | Comentarios (0) | Referencias (0)
Lunes, 09 de marzo de 2009
Saber que pasará la noche. Y que pasará otro día.
Y que todo seguirá en el mismo sitio, como yo.
Una parte sobre el mar. Otra en el rincón más profundo de la cama.
Para siempre. Aunque la Tierra gire y gire.
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Domingo, 22 de febrero de 2009
Es un infinito placer regresar al teatro, como a casa, y toparte con dos hombres como estos. Con dos actores como estos. Con dos personas como éstas. Dos interpretaciones magistrales de un texto que consigue increiblemente arrancar sonrisas y hasta carcajadas teniendo a la muerte por medio, incordiando, como de costumbre, con esa sombra terriblemente alargada de los cipreses que acaba por alacanzarlo todo.
De todos modos prefiero descansar bajo el aroma de un pino. Su sombra es otra cosa: más redonda, más repleta, más humana... Más simpática de todas formas. (Miguel Delibes).
Mi admiración para José Sacristán y el encantador Héctor Alterio. Mi cariño y mi recuerdo para mi mejor maestro, que se ha ido tan temprano.
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Viernes, 06 de febrero de 2009
Ya se fue la Navidad.
Ya se marchó el verano.
Quedan tan lejos las risas.
Quedan tan lejos los llantos.
Sólo un eco de voces
va bordeando el patio.
Ya se fue la primavera
y aquel amor tan temprano.
Asoman a sus ojos
farolillos blancos
con la débil luz de luna
recogida en el regazo.
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Viernes, 30 de enero de 2009
Si apareciese un Virgilio cualquiera...
...porque cualquier cruce de caminos es ya un laberinto.
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Lunes, 19 de enero de 2009
Una mañana, al salir de casa, cuando ya todo el barrio había despertado y estaba absorto en sus quehaceres diarios, observé colgado en la puerta, con un débil trozo de celofán que entonces me pareció insuficiente si un huracán decidiese pasearse en unas horas por mi calle, lo que parecía ser un comunicado y además de vital importacia por lo imponente y barroco de la primera letra, en modo Capital, que parecía iba a anunciar un baile en palacio o una decapitación pública esa misma tarde.
Abrí el bolso para sacar y ponerme las gafas de cerca, y como no uso, pese a no encontrarlas, pude leer sin dificultad:
Queridos vecinos de esta calle, tenemos el honor de comunicarles la plantación frente a sus puertas de veinte árboles que estamos seguros llenarán de alegría, color y aire puro sus viviendas. Les rogamos les traten como a uno más de sus familias. Cada vecino podrá encontrar su ejemplar girando la vista hacia la derecha.
Muchas gracias.
Como era de esperar giré la vista y él, que había estado observando cada uno de mis movimientos, pareció aceptarme nada más verme. Era un olmo joven, casi un crío, de hojas brillantes que resplandecían con el roce de algún rayo despistado que se había atrevido a atravesar el cielo encapotado.
Durante unos instantes no nos dijimos nada, como esperando que alguien nos presentase rompiendo el silencio, pero pasadas unas dos horas comprendimos que ya podíamos asegurar conocernos y subí a casa para bajarle un zumo de naranja pensando que aún no habría desayunado.
Estaba plantado delante de la puerta del garaje por lo que decidimos no volver a usar el coche como medio de transporte, como veníamos haciendo, y dejarlo a modo de cama supletoria para los martes que se quedasen más de nueve personas a dormir en casa.
Al salir de nuevo a la calle observé el resto de árboles de los otros vecinos en los que hasta ahora, por la emoción del encuentro con el joven olmo, no había reparado. Eran en su mayoría ejemplares de corta edad, a algunos ni siquiera les habían salido los dientes. La calle tenía el aspecto de una guardería vegetal que más que alegrar podría llegar a angustiar los ánimos más pusilánimes. En pocos minutos el aire se cargó de risas y llantos que olían a clorofila y convertían la atmósfera en un techo que rozaba las nubes y transformaba nuestra calle en un pequeño invernadero.
Sin darnos cuenta día tras día decidimos conjuntamente y sin comentar nada salir cada vez menos de este nuevo espacio, como acatando unas normas inexistentes, y lo abastecimos de todo lo necesario para nuestra supervivencia y la de los nuevos inquilinos.
Todo ha transcurrido con normalidad en el vecindario desde entoneces y hasta ayer por la mañana, cuando murió el viejo roble del número 12.
A mi pobre olmo ya le están saliendo arrugas y se nos ha caído un pedacito de cielo. Ahora tememos por tener que salir de nuevo sin saber lo que estará pasando fuera.
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Miércoles, 14 de enero de 2009
El pesado abrigo largo hasta los pies no le impedía moverse con la presteza y la altivez de un pirata entre su tripulación, conocedor de cualquier rincón del barco.
Iba y venía como un soplo de viento en el que se adivinaba, sutil y fugazmente, un nuevo olor con cada bocanada.
Le perdía para volver a encontarle cuando ya había perdido toda esperanza. Él parecía saberlo y disfrutar aguardando el momento en que me encojía abatida en el sillón.
Entonces, con la distancia que dictaba su larga figura, detenía el tiempo, como en los versos, si se cruzaban las miradas, con el claro y anestésico azul de unos ojos hasta ahora ocultos bajo el ala ancha del sombrero.
Su rostro iluminado y liberado de la tiniebla que antes lo cubría dejaba entrever una sonrisa en sus labios sellados que arrancaron una más amplia de mi boca como respuesta. Sus rasgos juveniles en las facciones no disfrazaban una seguridad de quien podría haber cumplido cien años.
El oscuro sombrero calado hasta las cejas no empañaba la luz que parecía emanar a su paso.
Me dijeron su nombre, pero lo he olvidado.
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Lunes, 15 de diciembre de 2008

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Lunes, 15 de diciembre de 2008
Como para complementar la modalidad que aunque ya propia y familiar en muchas ocasiones no he tenido más remedio que, por los efectos evidentes en las mañanas posteriores,tachar de algo insana o inconveniente he redescubierto un nuevo momento para la lectura.
Y en este caso, al contrario que en el de los libros de madrugada que me conducen a amanecer con los párpados por los suelos y sin poder parar de pasar páginas como si una fuerza ajena me empujase a ello, más que del tiempo que se empeña en acaparar mi atención mandando todo tipo de señales desde el reloj de la mesilla, sólo tengo que preocuparme de la distancia, la de la línea de metro que me separa de mi destino o del origen y que se convierte en un vibrante transportador de palabras.
En las últimas estaciones he descubierto por un lado las de Juan José Millás, por el que siento una curiosa simpatía cuando le escucho hablar aquí o allá y que me ha reafirmado en la sospecha de su enorme imaginación.
Por otro lado, en el andén contrario, he saboreado letra a letra la que es sin duda la última mejor novela que he leído y que ahora me pregunto cómo no he leído antes. Un clásico que creo merecedor de denominarse genialidad, que me ha arrancado sonrisas de emoción y me ha humedecido los ojos ante las curiosas miradas de los viajeros sentados enfrente. Cinco horas con Mario. Un poema. Una canción. Una preciosa estampa.
Próxima estación: El hereje.
Por: Ana de Santos del Cerro | Poesía eres tú | Comentarios (1) | Referencias (0)
Lunes, 01 de diciembre de 2008
Afortunadamente hay momentos en los que nos damos de bruces con la realidad. A mí me pasa cada vez que leo la revista que me mandan de Médicos sin fronteras:
9 niños mueren cada minuto y 20 mllones de niños están en peligro de muerte por desnutrción aguda severa.
Existe un tratamiento revolucionario, pero sólo un 3% lo reciben.
Con voluntad política se podría salvar la vida de millones de niños.
Ayúdanos a conseguirlo.
Participa en el 2º Cibermaratón MSF contra la desnutrición infantil:
www.tratamientorevolucionario.com
Pinchad e el enlace e informaros, no hay nada que merezca más la pena.
Por: Ana de Santos del Cerro | General | Comentarios (0) | Referencias (0)
Lunes, 01 de diciembre de 2008
La útlima película de Ventura Pons trata de una familia vista a través de dos épocas separadas por cuarenta años. Una familia, en palabras del director, en descomposición donde los personajes se pelean, se maldicen, se odian y niegan a sus predecesores todo lo que, inevitablemente, antes o después, acabarán repitiendo. Una familia marcada por la relación de rechazo, de amor y de odio con los demás. Los vecinos del piso de arriba, esos extraños de tierras lejanas, Andalucía en los años sesenta, Marruecos en la actualdad, que también formarán parte de ese juego de repeticiones de la vida. Y sobre todo una familia marcada por la desaparición y la pérdida, por el cáncer y la muerte.
Un melodrama que me ha resultado tremendamente duro y revelador y basado en una obra del dramaturgo Sergi Belbel.
Impresionante la actuación de la actriz Anna Lizaran como la madre más posesiva que he visto en el cine.
Por: Ana de Santos del Cerro | ¡Qué grande es el cine! | Comentarios (0) | Referencias (0)
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